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Carlos Rad: "El papel de la biodiversidad del suelo en una agricultura sostenible"

Dr. Carlos Rad, Grupo de Investigación en Compostaje (UBUCOMP), Universidad de Burgos, Facultad de Ciencias
Dr. Carlos Rad, Grupo de Investigación en Compostaje (UBUCOMP), Universidad de Burgos, Facultad de Ciencias

Fuente: Universidad de Burgos | 13/12/2020


Dr. Carlos Rad, Grupo de Investigación en Compostaje (UBUCOMP), Universidad de Burgos, Facultad de Ciencias



El pasado 5 de diciembre se celebró el Día Mundial del Suelo, este año con un lema bien claro “Keep soil alive, protect soil biodiversity”, algo que podemos traducir como “Mantén el suelo vivo, protege su biodiversidad”. Un lema que nos subraya una dimensión frecuentemente olvidada del suelo y es su carácter de hábitat de multitud de especies, desde lo más diminuto del mundo microbiano, pasando por toda la red trófica de organismos detritívoros y predadores, hasta llegar a las aves y mamíferos que interaccionan con ellas. Como frecuentemente se suele decir: “Todo un universo bajo nuestros pies”.

Tal es así que, si analizamos el número de organismos presentes en una cucharita de café de un suelo fértil, aproximadamente un gramo, encontraremos más de un billón de bacterias pertenecientes a 10.000 especies diferentes, en torno a un millón de células y más de 200 m de hifas fúngicas, un millón de células de protistas pertenecientes a varios miles de taxones diferentes, varios cientos de nemátodos, diferentes especies de meso y macrofauna como artrópodos, lombrices e incluso pequeños mamíferos. Se calcula que nuestros suelos concentran alrededor de un cuarto de la biodiversidad del planeta; el problema es que muchas veces no la vemos, fascinados con estamos con la otra biodiversidad de plantas y animales, mucho más visible y espectacular.

Sin embargo, esta biodiversidad tan poco perceptible a veces, desarrolla importantísimas funciones de las que nos beneficiamos. Así, los microorganismos del suelo son auténticas factorías químicas que se encargan de la degradación de los restos orgánicos y la liberación de los nutrientes en ellos contenido; muchos de ellos mantienen con las plantas relaciones de simbiosis, lo que las permite capturar más agua y nutrientes o defenderse de otros microorganismos patógenos; numerosos también han sido los microorganismos que tradicionalmente hemos utilizado en nuestro beneficio por su capacidad de producir antibióticos u otros compuestos de acción antitumoral, beneficios que se ampliarán en la medida en que descifremos esa caja negra que todavía es la diversidad microbiana del suelo, donde solo una fracción pequeña de los mismos han sido aislados, identificados y cultivados in vitro. Lo mismo ocurre con otros organismos, como determinadas especies de hongos y nemátodos, que están siendo utilizados para el control biológico de diversos insectos plaga de nuestros cultivos.

Nuestra agricultura ha vivido durante mucho tiempo ajena a esta biodiversidad edáfica. Es cierto que durante el pasado siglo afrontó importantes desafíos, como el de multiplicar sus rendimientos para satisfacer las necesidades alimentarias de una población humana que crecía en número y en necesidades nutricionales.

Ese desafío se consiguió con el descubrimiento y aplicación de los fertilizantes químicos, los plaguicidas de síntesis y la mejora genética vegetal. Pero esta revolución verde tuvo un claro perdedor, fue nuestro medio ambiente y especialmente nuestros suelos y aguas, donde se han acumulado los excesos de nutrientes, los residuos de plaguicidas, con un medio biológico cada vez más empobrecido y una situación de cambio climático a la que la agricultura contribuye y no de forma menor.

Ante esta situación, la Unión Europea ha firmado un gran Pacto Verde que, a través de dos importantes pilares, las estrategias De la Granja a la Mesa y de Biodiversidad, marcan unos objetivos muy claros para 2030: una reducción del 25% en el uso de fertilizantes químicos, del 50% de los plaguicidas y el incremento de la superficie dedicada a agricultura ecológica hasta lograr que ésta alcance el 25% de toda la superficie agraria de la Unión Europea.

Creo que éste es el momento de volver a considerar al suelo como un elemento vivo, propietario de un mundo microbiano que es necesario que trabaje a nuestro favor. Solo así nuestra agricultura alcanzará estos ambiciosos y necesarios retos.


 

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