¿Te gusta la cerveza? Te damos las claves para aprender a catarla

Conoce qué cualidades debes tener en cuenta para apreciar mejor esta bebida

  • |  Birrabox
  • |  31-05-2021

La cata profesional tiene su propio objetivo: degustar varias cervezas para analizar sus aromas, aspecto, sabores, calidad y sensación general.

No obstante, los aficionados también podemos organizar una cata en nuestra casa solamente con el objetivo de pasar un buen rato y aprender. Es un plan sencillo y divertido para disfrutar de la cerveza en compañía de amigos, de la familia o incluso contigo mismo. Puede ser un “ritual” que practiquemos en nuestro día a día para tener una opinión sobre una nueva cerveza.

Lo aconsejable es aprender los pasos de ese “ritual” para poder identificar mejor los detalles de cada cualidad de la cerveza, y por eso desde Birrabox, el club cervecero con suscripción tipo Netflix, nos proporcionan las claves sobre cómo hacer una cata de cerveza para encontrar nuestras favoritas de este verano.

Lo primero que nos aclaran es que el fin no es clasificar cervezas en "buenas" y "malas", sino poder describir y diferenciar matices, debilidades y fortalezas de cada bebida mientras se disfruta de un buen rato.

Podemos probar una sola cerveza o varias para compararlas entre sí. En caso de que la cata sea de más de una, se aconseja empezar por la de menor graduación, para finalizar con la que tiene más alcohol.

“Comenzar con la más suave nos ayudará a darle valor a cada una de ellas. Si comenzamos con la más fuerte, nos marcará tanto su sabor que las posteriores se nos quedarán cortas. No obstante, el mundo de la cata de cerveza es muy abierto y flexible y hay quienes prefieren otro orden, por ejemplo la temperatura recomendada por el fabricante o la complejidad del estilo”, explica Miquel Vila, socio fundador de BirraBox.

 

 

La guía de cata que nos trasladan desde Birrabox consta de tres etapas: fase visual, fase olfativa y fase gustativa.

 

FASE VISUAL

Para disfrutar al máximo de una cerveza es imprescindible servirla en vaso o en copa de cristal que nos permita observarla a contraluz. Con esto se desmitifica el mito del botellín, muy defendido por las marcas más comerciales. Tenerla en un vaso o copa de cristal nos permitirá un primer análisis: el visual.

En esta primera etapa, una vez servida la cerveza en la copa formando una capa de espuma de unos 2,5 centímetros, hay que observar el color (blanco, amarillo, rojizo, marrón, negro…), la turbidez (cristalina, velada, clara, turbia…), burbujas (baja, media, alta) y la espuma (tamaño, textura, color, persistencia…). De esta forma tendremos información sobre sus ingredientes y la carbonatación. También hay que agitar el vaso o copa para observar lo conocido como “Encaje Belga”, es decir, el rastro que deja en el cristal.

 

FASE OLFATIVA

Tras un nuevo movimiento, debemos olerla. Podemos encontrar aromas a malta, lúpulo, frutas, flores, especias, alcohol… “Al inhalar varias veces, debemos concentrarnos en su olor. Con la práctica iremos notando nuevos matices. Las catas con amigos en casa serán el mejor maestro para detectar los diferentes aromas y cuanto más se prueba, más se sabe y mejor saben”, asegura Vila.

Una buena cerveza no hay que tomarla congelada. Es más, la temperatura es un detalle que no debemos menospreciar ya que cada estilo es aconsejable que se sirva a una temperatura determinada. Eso sí, para combatir el calor que esté fresquita será siempre un buen aliado”, añade.

 

FASE GUSTATIVA

Primer sorbo. Para notar la presencia en boca es importante que la cerveza entre en contacto con labios, paladar, encías, dientes y toda la lengua. Así notaremos los sabores primarios, secundarios y el retrogusto. Descubriremos sabores dulces, amargos (ausente, bajo, medio, alto), a malta (dulce, tostado, caramelo…), lúpulo (cítrico, herbal, terroso…), alcohol (ligero, intenso, vinoso…), etc.

A continuación, podemos dar un nuevo trago para descubrir si algunas sensaciones varían, ya que algunos detalles pueden ir cambiando según avanzamos bebiendo nuestra cerveza. Influyen la temperatura, el tiempo abierta, el movimiento que hagamos con el vaso…