Educar la alimentación en la adolescencia: pautas prácticas para prevenir posibles trastornos

Especialistas subrayan la importancia de la educación familiar para construir una relación saludable con la comida

  • |  Colegios RC
  • |  03-02-2026

La alimentación durante la adolescencia desempeña un papel determinante en la salud física y emocional. En una etapa marcada por cambios corporales, mayor exposición social y construcción de la identidad, la relación con la comida puede actuar como un factor de protección o, por el contrario, de riesgo. Las cifras lo reflejan: distintos estudios sitúan entre un 11 % y un 27 % el porcentaje de adolescentes en España con conductas de riesgo asociadas a los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), mientras que cerca de un tercio presenta exceso de peso.

Los expertos coinciden en que la prevención no pasa únicamente por controlar la dieta o vigilar el consumo calórico. La evidencia señala la necesidad de una educación alimentaria continuada, especialmente en el entorno familiar, que tenga en cuenta tanto los hábitos como el clima emocional en el que se desarrollan. Un enfoque excesivamente restrictivo o centrado en el peso puede resultar contraproducente, sobre todo en edades sensibles.

Lola Ramos, psicóloga y orientadora de Highlands School El Encinar, identifica varias pautas que contribuyen a una relación más equilibrada con la comida y que pueden aplicarse de forma gradual en el día a día del hogar:

 

Alimentación variada y visualmente equilibrada

Ofrecer platos que incluyan frutas, verduras y alimentos de temporada no solo aporta beneficios nutricionales, sino que ayuda a educar el paladar y a normalizar la diversidad de alimentos. La presentación y la variedad reducen la resistencia a ciertos productos y evitan que la alimentación saludable se perciba como una obligación. Conviene que los platos resulten atractivos no solo desde el punto de vista culinario, sino también visual, ya que esto favorece la curiosidad y la disposición de niños y adolescentes hacia una alimentación variada.

 

 

Participación activa en la cocina

Involucrar a niños y adolescentes en la planificación y preparación de las comidas favorece la autonomía y el sentido de responsabilidad. Cocinar en familia permite comprender mejor qué se come, cómo se prepara y por qué, y se asocia a una mayor aceptación de alimentos saludables.

 

Moderación sin prohibiciones

Los especialistas alertan de que la restricción excesiva suele ir acompañada de frustración y culpa, y puede desembocar en conductas de descontrol. Un enfoque basado en el equilibrio, sin etiquetas de “buenos” o “malos” alimentos, contribuye a una relación más sana y duradera con la comida.

 

Conocimiento del origen de los alimentos

Explicar de dónde proceden los alimentos, cómo se producen y qué impacto tienen fomenta un consumo más consciente. Esta información conecta la alimentación con valores como la responsabilidad, el respeto por el entorno y la sostenibilidad.

 

Cuidar el contexto emocional de las comidas

La mesa es un espacio clave para la convivencia y la conversación. Evitar que las comidas se conviertan en un momento de tensión, corrección o control contribuye a generar un clima de confianza en el que resulta más fácil hablar de hábitos y bienestar.

La investigación en nutrición y psicología del desarrollo coincide en que los hábitos y actitudes hacia la comida adquiridos en la adolescencia tienden a mantenerse en la edad adulta. Por este motivo, los expertos insisten en la importancia de intervenir de forma temprana y coherente, tanto desde la familia como desde la escuela.

La experta señala que una educación alimentaria basada en el equilibrio y el ejemplo adulto reduce el riesgo de conductas desordenadas y refuerza el bienestar emocional. “En la adolescencia, la relación con la comida suele reflejar la forma en que los jóvenes gestionan la autoexigencia, el control y la autoestima”, y advierte: “La adolescencia es una etapa especialmente sensible a los mensajes extremos en torno a la comida”.

La presión estética y la proliferación de mensajes nutricionales contradictorios, unidas a la cultura de la inmediatez, han alterado la relación de muchos jóvenes con la comida. Ante este panorama, la educación en alimentación se sitúa como una herramienta preventiva esencial, más allá de modas o tendencias. Aprender a comer, coinciden los especialistas, es también aprender a cuidarse mejor.

 



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