Jorge de Saja, director general de CESFAC (Confederación Española de Fabricantes de Alimentos Compuestos para animales)

Jorge de Saja: "Contener los costes para proteger la cadena alimentaria, una respuesta necesaria ante la crisis internacional"

CESFAC (Confederación Española de Fabricantes de Alimentos Compuestos para animales)

29 de marzo, 2026

Las tensiones globales elevan costes en la alimentación animal; CESFAC valora medidas fiscales rápidas para contener el impacto en toda la cadena.


Jorge de Saja, director general de CESFAC

Las tensiones geopolíticas vuelven a situar a la cadena alimentaria europea ante un escenario de elevada incertidumbre. El reciente conflicto en Oriente Próximo no solo tiene implicaciones energéticas o comerciales a escala global, sino que incide de forma directa en los costes de producción de sectores clave, entre ellos la industria de alimentación animal, un pilar esencial para la estabilidad del sistema agroalimentario.

En momentos como el actual, la rapidez en la toma de decisiones y la adecuación técnica de las medidas adoptadas resultan determinantes. Por ello, desde la Confederación Española de Fabricantes de Alimentos Compuestos para Animales (CESFAC) valoramos positivamente la respuesta articulada por el Gobierno, orientada a amortiguar el impacto del encarecimiento energético y logístico mediante la reducción de la carga fiscal sobre la electricidad y los combustibles.

Esta medida fue la que el presidente de CESFAC solicitó hace unas semanas en la reunión bilateral que mantuvo con los ministros de Agricultura, Luis Planas y de Economía, Carlos Cuerpo. Como CESFAC argumentó en esa reunión y en las peticiones por escrito previas a la administración española la rebaja del IVA es en primer lugar una medida técnicamente fácil de aprobar, con precedentes tanto en el entorno español como en la presente crisis en el entorno europeo y fácil de retirar con efectos igualmente inmediato cuando ya no es necesario.

Más allá de su alcance inmediato, esta decisión refleja un entendimiento acertado de cómo se transmiten las tensiones internacionales a lo largo de la cadena alimentaria. En el caso de la alimentación animal, el vínculo es especialmente directo.

Nuestra industria opera en la intersección entre los mercados agrícolas, la logística global y la producción ganadera. Transformamos materias primas en piensos que garantizan la nutrición animal, pero lo hacemos en un contexto altamente dependiente del transporte y de los flujos comerciales internacionales. España, además, es un importador estructural de determinadas materias primas, lo que incrementa nuestra exposición a los costes de transporte marítimo y a la volatilidad de los mercados energéticos.

Cuando el precio de los combustibles aumenta de forma brusca, como está ocurriendo actualmente, el impacto se traslada con rapidez a toda la operativa del sector. Afecta, como hemos dicho al coste de los fletes internacionales, encarece la logística interior por carretera y repercute, en última instancia, en el precio de los piensos. Este efecto en cascada no se detiene en nuestra industria, sino que alcanza a la producción ganadera y, por extensión, al conjunto del sistema alimentario. En este contexto, la elección de las medidas no es un ejercicio meramente político, sino técnico. Desde CESFAC consideramos que, ante una crisis de estas características, resulta más eficaz actuar sobre los factores de coste que tienen un impacto inmediato y generalizado, en lugar de articular respuestas fragmentadas o de difícil implementación.

Por ello, en los contactos mantenidos recientemente con la Administración, defendimos un enfoque centrado en la reducción de la fiscalidad asociada a los combustibles, en particular al gasóleo. Se trata de una herramienta que reúne tres características clave: rapidez de aplicación, impacto directo sobre los costes logísticos y posibilidad de ajuste o retirada en función de la evolución de la situación. Eso no quiere decir que no haya otras medidas que puedan ser necesarias para otros sectores o que no haya que evaluar a corto plazo si puede ser necesario un mayor apoyo, pero, de manera realista, CESFAC priorizó en sus peticiones esta medida.La adopción de esta medida confirma que, en determinados contextos, las soluciones más eficaces son también las más sencillas desde el punto de vista operativo.

Su efecto no elimina por completo las tensiones existentes, pero sí contribuye a contenerlas y a evitar que se trasladen de forma íntegra al resto de la cadena. Este punto es especialmente relevante si se tiene en cuenta el papel que desempeña la alimentación animal en el equilibrio del sistema agroalimentario. Los piensos representan uno de los principales costes de producción en la ganadería, por lo que cualquier incremento sostenido en su precio acaba repercutiendo en la competitividad del sector y, en última instancia, en los precios al consumidor.

Garantizar que este eslabón intermedio funcione con la mayor estabilidad posible es, por tanto, una condición necesaria para preservar el conjunto de la cadena. De ahí la importancia de adoptar medidas que actúen sobre los costes en origen, antes de que se produzcan efectos acumulativos difíciles de revertir. No obstante, sería un error considerar que el impacto de la actual crisis se limita al ámbito energético. Las disrupciones en el transporte marítimo y las posibles alteraciones en las rutas comerciales internacionales introducen un elemento adicional de incertidumbre, especialmente en lo que respecta al suministro de determinados ingredientes.

En particular, existe una preocupación creciente en relación con algunos microingredientes que se importan desde Asia y que son esenciales para la formulación de piensos. Las dificultades logísticas, los retrasos o el encarecimiento de los envíos pueden generar tensiones en la disponibilidad de estos productos, con implicaciones potenciales para la producción. Por este motivo, desde CESFAC estamos realizando un seguimiento continuo de la evolución de la situación, tanto en términos de costes como de acceso a materias primas. Este análisis es fundamental para anticipar posibles escenarios y, en su caso, trasladar nuevas propuestas a la Administración que permitan reforzar la resiliencia del sector.

La experiencia reciente nos ha enseñado que la incertidumbre ha dejado de ser un fenómeno excepcional para convertirse en una constante. Crisis sanitarias, conflictos geopolíticos o disrupciones logísticas forman parte de un entorno en el que la capacidad de adaptación resulta clave. En este contexto, las políticas públicas deben orientarse no solo a responder a las crisis cuando se producen, sino también a mejorar la capacidad de respuesta del sistema en su conjunto. La agilidad, la coordinación institucional y el diálogo con los sectores productivos son elementos esenciales para lograrlo.

En este sentido, la interlocución mantenida en los últimos días entre el sector y los ministerios competentes constituye un ejemplo positivo de colaboración. La posibilidad de trasladar propuestas concretas, basadas en el conocimiento técnico de la actividad, facilita la adopción de medidas más eficaces y ajustadas a la realidad.

Mirando hacia adelante, será necesario seguir evaluando la evolución del contexto internacional y sus efectos sobre la cadena alimentaria. La incertidumbre sigue siendo elevada y no puede descartarse la necesidad de adoptar nuevas medidas si las tensiones persisten o se intensifican. En cualquier caso, la decisión de actuar sobre los costes energéticos mediante instrumentos fiscales representa un paso en la dirección correcta. Permite aliviar la presión inmediata sobre sectores estratégicos y contribuye a mantener el equilibrio de la cadena en un momento especialmente delicado.

Desde CESFAC reiteramos nuestro compromiso de seguir trabajando para garantizar el suministro de alimentación animal en condiciones de calidad, seguridad y eficiencia, incluso en escenarios adversos. Al mismo tiempo, continuaremos colaborando con las administraciones públicas para identificar soluciones que permitan afrontar los retos actuales y futuros. Porque, en última instancia, la estabilidad de la cadena alimentaria depende de la solidez de cada uno de sus eslabones. Y proteger esa estabilidad, en un entorno global incierto, es una responsabilidad compartida que exige respuestas rápidas, eficaces y bien orientadas.

 


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