Jose Luis Martin y Cristina Martin Peña.

La casa de las brasas. Tradición, fuego y precisión

Revista Alimentaria

6 de abril, 2026

Donde todo empieza: una historia de fuego y persistencia


En 1988, en el barrio madrileño de Hortaleza, nacía un pequeño local de apenas 45 m2 que acabaría convirtiéndose en referencia. Detrás de aquel proyecto estaba José Luis, un profesional de la maquinaria alimentaria que, tras dar la vuelta al mundo, regresó con una idea fija: reinterpretar en España los pollos al carbón que había descubierto en Perú.

No fue una simple adaptación. Fue un proceso de investigación, prueba y error, que culminó en el diseño de sus propios hornos de carbón —los mismos que, evolucionados, siguen utilizando hoy—. Aquella primera casa, sin mesas y con una propuesta tan sencilla como contundente (pollo al carbón y patatas fritas), pronto empezó a generar largas colas los fines de semana.

Desde el inicio, la propuesta rompía con lo habitual: no había sala, no había servicio en mesa. Todo estaba pensado para llevar. Una decisión que, lejos de simplificar, complejiza el proceso. Porque aquí no se trata solo de cocinar bien, sino de lograr que el producto llegue a casa del cliente manteniendo textura, jugosidad y carácter.

Usamos la mejor tecnología para manterner la tradición

De asador de barrio a sistema productivo propio

Lo que comenzó como un asador especializado fue evolucionando de forma orgánica durante más de tres décadas. La apertura de un segundo
local en Arganzuela marcó un punto de inflexión: permitió incorporar una pequeña cocina y ampliar la propuesta con elaboraciones caseras como croquetas, ensaladilla, arroces, fideuás o postres.

En ese momento, a mediados de los 2000, La Casa de las Brasas se posicionaba ya como uno de los pioneros en Madrid en el concepto de comida de calidad para llevar.

El gran salto llega en 2017, con la incorporación de Cristina al proyecto familiar tras su vuelta a España y dejando a un lado su carrera profesinal de enfermería. Se produce entonces la apertura de la tercera ubicación en Rivas-Vaciamadrid. Allí se centraliza la producción en una nave de 300 m2, equipada con tecnología avanzada, pero diseñada para un objetivo muy concreto: escalar sin perder identidad.

Ese crecimiento no ha implicado renunciar al origen. Al contrario. Ha permitido estructurar un modelo capaz de producir a escala manteniendo un principio innegociable: los asados se hacen 100% al carbón y mantenemos la tradición en todo lo que hacemos.

En esta fase, se incorporan perfiles técnicos en cocina con experiencia consolidada, con el objetivo de ampliar la oferta sin perder coherencia: cocina tradicional, pensada para el formato take away y ejecutada con rigor.

Sin embargo, tras analizar el comportamiento del mercado y la propia identidad de la empresa, hace aproximadamente dos años se toma una decisión estratégica clave: simplificar para reforzar. 

“La brasa exige conocimiento. No hay escuela que enseñe esto; se aprende trabajando el fuego.”

Cambios de los últimos años: profesionalización sin perder el origen

La apertura de las nuevas instalaciones en Rivas- Vaciamadrid, junto con la inversión en tecnología y la incorporación de Cristina al proyecto familiar, marca un punto de inflexión en la evolución de La Casa de las Brasas.

La combinación entre la experiencia acumulada de José Luis y una nueva visión estratégica impulsa una etapa de transformación estructurada y consciente. El crecimiento exige orden. Es en este momento cuando la empresa da un salto decidido hacia la profesionalización, pasando de un modelo de tienda de barrio a una estructura productiva de mayor escala.

Se automatizan procesos clave, se refuerza la formación interna del equipo y se implantan sistemas avanzados de control y seguridad alimentaria (APPCC), junto con protocolos de estandarización que garantizan la consistencia del producto.

Paralelamente, se trabaja en el desarrollo de marca. La imagen corporativa, el packaging y la percepción global del producto adquieren un papel protagonista, alineándose con la calidad real de la propuesta.

La carta se reduce en torno a un 50%, eliminando una parte importante de los platos tradicionales preparados, como cocidos, legumbres o guisos, para centrar el foco en aquello que realmente define la marca: los asados al carbón y las elaboraciones complementarias como arroces y fideuás.

Cambios de los últimos años: especialización

Este movimiento responde a una lógica clara: Especialización como vía de diferenciación

La Casa de las Brasas decide ser reconocida por su dominio de la brasa, sin renunciar a ofrecer una experiencia completa al cliente. Por ello, mantiene una selección cuidada de entrantes y postres, así como algunas elaboraciones ya icónicas como sus lasañas de pasta fresca.

En paralelo, y casi como consecuencia operativa, surge una nueva línea de desarrollo:

La quinta gama

Inicialmente concebida como una solución interna para garantizar la estandarización en sus propios puntos de venta —especialmente en contextos de alta demanda como los fines de semana—, pronto revela un potencial mayor.

La observación del entorno confirma la oportunidad.

Por un lado, muchos establecimientos de restauración carecen de personal cualificado para trabajar la brasa o de infraestructuras adecuadas, como salidas de humo.

Por otro, el mercado retail muestra una demanda creciente de productos listos para consumir en casa, especialmente en categorías como el pollo asado.

A esto se suma un cambio normativo relevante: la limitación del uso de determinados aditivos que simulaban el ahumado en productos industriales.

En este nuevo contexto, la autenticidad del proceso, asar y ahumar realmente con carbón, se convierte en un valor diferencial tangible.

Con unas instalaciones capaces de producir a gran escala sin renunciar al proceso original, La Casa de las Brasas decide dar el paso y desarrollar su propia línea de quinta gama al carbón.

Hoy, la empresa se posiciona como un actor singular dentro del sector: una de las pocas, si no la única, capaz de trasladar la cocina al carbón, tradicionalmente artesanal, a un modelo de producción industrial sin perder identidad ni calidad.

La brasa como técnica

En La Casa de las Brasas, la brasa no es un recurso estético ni un acabado final. Es el eje central del proceso.

Su sistema de cocción se basa en hornos diseñados internamente que alcanzan temperaturas de hasta 400 °C, capaces de asar y ahumar de forma simultánea, como pocos hornos pueden hacerlo. A esto se suma el uso de parrillas de alto rendimiento como las PYRA, que permiten mantener temperaturas constantes durante largos periodos, fundamentales para elaboraciones complejas que necesitan de muchas horas.

El combustible combina carbón con lascas de madera seleccionada, cuya función es principalmente aromática. Este equilibrio es clave para conseguir perfiles de sabor complejos y reconocibles.

Pero más allá del equipamiento, el verdadero diferencial está en la gestión del fuego. No existen atajos ni automatismos completos. El control de
la brasa sigue dependiendo de la observación, la experiencia y la intervención constante del equipo.

Cada producto requiere una intensidad distinta, un tiempo específico y un tratamiento previo adaptado. La estandarización industrial no sustituye el criterio técnico: lo amplifica.

Producto y proceso: intervenir lo justo, respetar lo máximo

El producto es el centro de la propuesta, y su tratamiento comienza mucho antes del paso por el horno.

El pollo —su referencia más reconocible— se limpia y marina manualmente, uno a uno, con una receta propia que adapta la inspiración peruana al paladar local. Un equilibrio que define lo que internamente denominan “peruañol”.

Las costillas pasan por un proceso de salmuera controlada, y otras piezas como el codillo siguen protocolos específicos que buscan maximizar jugosidad y penetración del sabor.

Toda la materia prima es de origen nacional, seleccionada a través de los mejores proveedores con los que mantienen relaciones consolidadas en el tiempo.

El resultado no es una carta extensa, sino una propuesta coherente donde destacan: Pollo peruañol al carbón, Costilla al carbón, Costillar BBQ, Codillo al carbón.

A esto se suma una línea complementaria de elaboraciones caseras: Croquetas, Tortilla de patatas, Ensaladilla, Empanadillas, lasañas de pasta fresca, arroces/fideuás, Cookie, Tarta de queso, Tarta de zanahoria, que refuerzan el concepto de cocina tradicional trasladada al formato TAKE AWAY

El gran reto: cocinar para llevar sin perder calidad

Si hay un aspecto que define técnicamente a La Casa de las Brasas es su enfoque en el producto para llevar. A diferencia de un restaurante, donde el plato se consume inmediatamente, aquí todo el sistema está diseñado para que el producto mantenga sus propiedades organolépticas tras el transporte.

Esto implica:
• Ajuste preciso de puntos de cocción
• Desarrollo de envases adecuados
• Control de humedad y temperatura residual
• Estandarización de procesos sin perder control artesanal

El objetivo no es que el producto “aguante”, sino que llegue en condiciones óptimas.

Una marca construida desde la cercanía

El uso del término “Casa” no es casual. Define una forma de entender la relación con el cliente.

Lejos de modelos impersonales, La Casa de las Brasas mantiene una conexión directa con su público, construida durante más de 35 años. Clientes que repiten durante décadas y una operativa que sigue priorizando el trato cercano, incluso en un contexto de crecimiento.

El consumo no ocurre en el local, pero la experiencia sí empieza allí. Y continúa en casa, donde el producto busca activar recuerdos asociados a la cocina tradicional: comidas compartidas, sabores reconocibles, procesos lentos.

Crecimiento de la marca

El crecimiento reciente de la marca ha venido impulsado, en parte, por su visibilidad en redes sociales, donde acumulan más de 44.000 seguidores y una demanda creciente a nivel nacional con videos de más de 1 MILLÓN de visualizaciones, acumulando 300,100+ Likes y decenas de solicitudes para abrir nuevos locales

Innovación aplicada a la tradición: la primera quinta gama al carbón

El crecimiento de los últimos años ha derivado en el desarrollo de nuevas líneas de negocio, especialmente en una rama nunca vista en el sector:

La primera línea de productos de quinta gama elaborados 100% al carbón

Dirigidos tanto a:

• Hostelería

• Retail

• Mercados

El contexto de mercado es claro: el consumidor demanda sabor tradicional, pero el sector se enfrenta a la falta de personal cualificado, especialmente para trabajar saber trabajar la auténtica brasa.

La respuesta de La Casa de las Brasas es trasladar su know-how a un formato reproducible en cualquier escenario.

Mirando al futuro sin perder el origen

El objetivo de la marca es claro, crecer sin diluir nuestra identidad

Esto implica, la expansión controlada de puntos de venta, el desarrollo de nuevas líneas (retail y horeca) y la optimización de procesos productivos

El respeto por la brasa como técnica y como cultura gastronómica, así como los tiempos en cocina  


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