Emilio Suárez. Creador de Jarana
@jarana.rioja / @emilio_suarezsanmartin
Jarana es un proyecto bullicioso de la gastronomía creado por Emilio Suárez en la Rioja que mezcla cocina en directo, vino y divulgación con una premisa clara: saber más para disfrutar mejor.
Crea experiencias gastronómicas efímeras en diferentes localizaciones que conectan a productores, cocineros, sumilleres y otros actores de la gastronomía actual con un público inquieto, curioso y cómplice.
Jarana no es un restaurante, ni un festival, ni una cata al uso. Es un formato vivo, adaptable y efímero que toma forma en función del espacio, de las personas y del momento. Un proyecto que entiende la comida y el vino como herramientas para provocar conversación, pensamiento y emoción compartida a través del diseño personalizado de eventos.
EL ORIGEN: CUANDO LA GASTRONOMÍA EMPIEZA A PESAR DEMASIADO
Jarana nace de una incomodidad. Después de años trabajando en el sector gastronómico y de los eventos, Emilio detecta una deriva cada vez más evidente: experiencias excesivamente solemnes, formatos repetidos, discursos cargados de importancia y poca conexión real con el público.
“La gastronomía se estaba tomando demasiado en serio a sí misma”, explica. “Hay mucha técnica, mucho conocimiento, pero poca emoción compartida”.
La respuesta no fue romper con todo, sino reordenar las prioridades. Volver a poner en el centro a las personas, la conversación, el ritmo, el disfrute. Entender que el conocimiento no tiene por qué imponerse, sino que puede fluir si se crea el contexto adecuado.
Así surge Jarana: como un espacio donde la gastronomía se libera de corsés sin perder profundidad. Donde se puede hablar de un gran vino o de un producto excepcional sin solemnidad, sin jerarquías y sin miedo al humor.
LAS PERSONAS COMO MOTOR DEL PROYECTO
Por Jarana han pasado algunas de las figuras más influyentes de la gastronomía contemporánea, tanto a nivel nacional como internacional. Nombres que no necesitan presentación y que representan miradas muy distintas, pero complementarias.
Desde Paco Torreblanca, referente indiscutible de la alta pastelería, hasta Ferran Centelles, una de las voces más respetadas en la divulgación del vino. Desde la sensibilidad y las letras guisadas de Viri Fernández, hasta la energía y el conocimiento técnico de Luigi Di Domenico, maestro pizzaiolo. O desde la capacidad única de François Chartier para traducir los aromas en un lenguaje que combina ciencia, emoción y relato hasta Rafuel el chef del vínculo de la cercanía y de lo sencillo.
Lo significativo no es solo que estos perfiles participen en Jarana, sino cómo lo hacen, fuera de escenarios rígidos, sin liturgias impostadas, compartiendo espacio con el público, dialogando y construyendo la experiencia desde la cercanía y la originalidad.
DISEÑO INVISIBLE: UN LIENZO EN BLANCO PENSANDO LA EXPERIENCIA DE PRINCIPIO A FIN
Aunque Jarana se vive como algo espontáneo, detrás hay un trabajo de diseño minucioso. Ritmos, tiempos, iluminación, sonido, narrativa, secuencia de platos o vinos... Todo está pensado para que la experiencia fluya sin fricciones como un gran engranaje.
Este enfoque conecta directamente con una idea muy presente en el diseño contemporáneo: la del diseño invisible, aquel que no se impone, pero sostiene. Jarana no busca impresionar con artificios, sino crear un entorno donde el público se sienta cómodo, receptivo y parte activa de lo que ocurre.
DEL CONCEPTO A LA EJECUCIÓN: CUANDO LAS IDEAS SE SOSTIENEN
Pero el diseño, por sí solo, no basta. Una experiencia solo funciona si puede ejecutarse con precisión, solvencia y coherencia. Y aquí entra uno de los pilares menos visibles, pero más determinantes del proyecto. Jarana se apoya en un binomio profesional sólido, construido durante más de quince años de trabajo conjunto entre Emilio Suárez y Singularis, una de las referencias en eventos gastronómicos del norte de España. Una relación basada en la confianza, el conocimiento mutuo y una exigencia compartida que ha convertido a este tándem en garantía de fiabilidad.
Este equilibrio permite que Jarana funcione tanto en formatos íntimos como en experiencias de mayor complejidad técnica, sin perder nunca el control del detalle.
El resultado es una ejecución fluida, precisa y aparentemente sencilla, que esconde detrás mucho oficio. El público percibe ligereza y naturalidad, pero todo está medido para que nada falle. Esa combinación entre creatividad y rigor operativo es una de las razones por las que Jarana no se queda en una buena idea, sino que se consolida como un proyecto consistente, replicable y escalable.
EL TERRITORIO COMO RELATO
Otro de los elementos fundamentales de Jarana es su relación con el territorio. No como etiqueta, sino como materia cultural. Bodegas, productores, espacios con identidad y personas vinculadas al lugar forman parte del relato de cada experiencia.
Jarana no utiliza el producto local como argumento de marketing, sino como punto de partida para contar historias, generar contexto y reforzar el vínculo entre lo que se come, lo que se bebe y el lugar donde ocurre.
MÁS ALLÁ DEL EVENTO: JARANA COMO ACTITUD
Con el tiempo, Jarana ha dejado de ser solo un ciclo de eventos para convertirse en una actitud. Una manera de entender la gastronomía como herramienta cultural, social y creativa. Esa actitud ha llevado a Emilio Suárez a desarrollar también proyectos de asesoría y diseño de experiencias corporativas donde la gastronomía dialoga con el arte, la música, la tecnología o el deporte y a escalar esta manera de entender la gastronomía al servicio de las empresas.
MIRAR AL FUTURO SIN PERDER LA ESENCIA
El crecimiento de Jarana se plantea desde una idea clara: crecer sin diluirse. Más colaboraciones, más sedes y más formatos, sí, pero manteniendo el control creativo y el sentido original del proyecto.
“Me importa más como se recuerda una experiencia que cuántas se hacen”, resume Emilio. Una filosofía que prioriza la huella emocional frente al volumen.
EPÍLOGO: DISEÑAR MOMENTOS EN UN MUNDO ACELERADO
En un contexto donde todo sucede deprisa y se olvida igual de rápido, Jarana propone algo casi radical: parar, compartir, escuchar y disfrutar sin prisa. Crear espacios donde la gastronomía vuelve a ser un acto profundamente humano.
Quizá por eso conecta. Porque no intenta imponer, sino invitar. Porque no busca deslumbrar, sino hacer sentir. Y porque entiende que, a veces, el verdadero lujo no está en lo que se consume, sino en cómo y con quién se vive.
SOBRE EMILIO
Emilio Suárez cuenta desde 2005 con una sólida trayectoria en el sector de los eventos gastronómicos, construida desde la operativa, la gestión y la creación de proyectos propios. Se forma en entornos de alta exigencia como el Bulli Catering y Paradis, y posteriormente desarrolla labores de dirección y desarrollo comercial en el Grupo Elior. Es cofundador y creador de las dos primeras ediciones de Orígenes Festival Gastronómico, y ha participado con su consultoría en la organización de más de 3.000 eventos, colaborando con más de 25 chefs con estrella
Michelin.
Además, ha sido formador en protocolo de servicio y eventos en el CIB.
Su forma de trabajar parte de una pasión honesta por la gastronomía y el oficio, y de un trato cercano que pone a las personas en el centro.