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Hay algo ligeramente incongruente en montar una feria de startups a diez minutos de Puerto Banús. El Palacio de Congresos y Exposiciones de Marbella no tiene el aire de un templo tecnológico. Marbella no es Silicon Valley y Startup Olé no pretende serlo. Está a un paso de la playa, rodeado de hoteles que viven del sol y del golf, en una ciudad que durante décadas ha vendido ocio antes que innovación. Dos jornadas para que fundadores, fondos y corporaciones se midan y averigüen quién encaja con quién.
Startup OLÉ no nació en la Costa del Sol. Es una criatura de la Universidad de Salamanca, impulsada por Emilio Corchado, catedrático y consejero delegado del proyecto, que lleva años construyendo una red de encuentros con nodos en Salamanca, Miami y ahora Marbella, además de una ristra de roadshows por Latinoamérica. A lo largo de su trayectoria ha movido a más de 40.000 asistentes de más de 120 países.
"Estamos presenciando un giro estructural, no una tendencia estacional", afirmó Emilio Corchado en medio del bullicio de la zona de exposición, señaló que la elección de la Costa del Sol para su cumbre estival es estratégica. "Málaga y sus municipios colindantes han descifrado el código de lo que busca la fuerza laboral tecnológica actual: una altísima calidad de vida combinada con un respaldo institucional sin fisuras"
La tercera edición cerró con más de 1.600 asistentes, 400 ponentes, medio centenar de fondos y corporaciones y más de 360 empresas. La progresión es clara: la primera edición de 2024 reunió a unos mil asistentes y la segunda rondó los 1.100. El evento crece deprisa, sostenido por el Ayuntamiento de Marbella, la Diputación de Málaga y la Junta de Andalucía, que a través de Andalucía Emprende llevó veintiuna startups andaluzas, con el agrotech entre los sectores representados.
Quien haya pisado uno de estos foros reconoce la coreografía: colas para el café que valen más que algunas ponencias, presentaciones de cinco minutos cronometradas al segundo, inversores que escuchan con un ojo en el móvil y esa economía paralela de tarjetas y códigos QR que circula por los pasillos.
Startup OLÉ Marbella no reinventa el género.
El cartel se movió donde se mueve hoy el capital —inteligencia artificial, ciberseguridad, inmobiliario, turismo, salud— con el liderazgo femenino como eje transversal. Lo agroalimentario etiquetado de agritech, un entorno generalista de inversión donde, si uno rastrea, encuentra a la empresa concreta que resuelve un problema concreto.
Contra el método FAO: los ensayos de Cajamar Que una startup de riego llegue a la final de un foro generalista no es casualidad. La agricultura consume entre el 70 % y el 80 % del agua dulce disponible, y el sur de Europa encara veranos cada vez más secos: cualquier tecnología que recorte ese consumo sin castigar la producción deja de ser un capricho tecnófilo para convertirse en una cuestión de coste y de continuidad del suministro.
El Centro de Experiencias de Cajamar ha publicado ensayos que comparan el riego automatizado de BrioAgro con el método de la FAO y con el criterio del técnico. Dos resultados enseñan que la ventaja no siempre es “gastar menos agua”:
Según el cultivo, la sensorización ahorra agua o la aprovecha mejor para producir más. La empresa cifra sus ahorros hídricos entre el 20 % y el 50 %; los ensayos de Cajamar matizan que, a veces, la ganancia está en la eficiencia, no en el consumo.
Y el interés trasciende a quien pisa el campo. La huella hídrica empieza a colarse en los pliegos de compra y los informes de sostenibilidad de las grandes marcas: una hortaliza regada con un 25 % menos de agua, o producida con un 18 % más de eficiencia por metro cúbico, es un argumento en la ficha del producto y una defensa frente a la próxima sequía. Hay además un efecto de calidad —regar en el momento justo reduce el destrío y estabiliza el calibre— y otro ambiental, porque el fertirriego de precisión recorta el lixiviado de nitratos hacia los acuíferos. Que una empresa andaluza compita en este segmento global, y lo haga con ensayos independientes que la miden contra la fórmula de la FAO, dice bastante del nivel del agrotech nacional.
Los que se subieron al escenario
El corazón competitivo del evento fue, como siempre, la competición de pitch: tres minutos para convencer a una sala de que tu empresa merece existir y, sobre todo, merece dinero.
El primer premio recayó en Superiority HR, seguida de Secra y Collider. El podio, por sí solo, dice poco a quien no siga el sector de cerca; los nombres cambian cada temporada y solo el tiempo dirá cuáles siguen en pie dentro de tres años. Más interesante que el ranking es la composición de los finalistas, porque revela dónde está mirando el dinero.
Tecnología de olivar para quien no puede pagarla
El segundo gancho para el sector no estaba en la competición grande, sino en la Students Pitch, la liga universitaria. Ahí el segundo premio fue para Olivar Nexo 4.0, un proyecto del programa de emprendimiento INSIDE de la Universidad de Jaén.
La idea ataca un problema que cualquiera que conozca el campo español entiende a la primera: la agricultura de precisión está diseñada, y tarificada, para grandes explotaciones, y el olivar andaluz es un mosaico de minifundios que jamás amortizarían una red de sensores propia ni un agrónomo en nómina. Olivar Nexo 4.0 propone compartir esa tecnología —sensores IoT que dan servicio a varias parcelas a la vez— y apoyarla en técnicos locales, para bajar el coste de entrada a algo asumible por quien cultiva cuatro o cinco hectáreas.
El podio lo completaron InnovaRA Kids, ganadora, e IRIS AI.
Que un estudiante monte una startup para acercar toda esa inteligencia al minifundista es, quizá, lo más prometedor que dejó Marbella. También lo más frágil, de un premio universitario de 1.200 euros a una empresa que factura hay un trecho largo. Olivar Nexo 4.0 no tiene todavía ni web ni ronda de financiación conocida. Es una promesa, no un caso de éxito. Pero es exactamente la clase de promesa que el sector necesita ver más a menudo.
Una red de innovación interconectada
La relevancia de la edición de Marbella radica también en su posición dentro de un circuito europeo más amplio. La cita de la Costa del Sol opera como el preludio estratégico de la gran cumbre anual que se celebra en Salamanca cada mes de octubre, asegurando un kujo continuo de contactos comerciales e inversiones a lo largo de todo el año.
Para los fundadores internacionales que expusieron sus proyectos en Marbella, el evento ofrece una ventaja competitiva clara: una puerta de acceso simultánea a los mercados europeo y latinoamericano. La posición geopolítica y cultural de España la convierte en la plataforma natural para las startups de la región iberoamericana que buscan expandirse hacia la Unión Europea.
Que Andalucía insista, año tras año, en construir su relato tecnológico es en sí mismo es una buena noticia. Los ecosistemas de innovación no surgen por decreto ni de la noche a la mañana; se levantan a base de repetición, de generaciones de fundadores que se conocen, fracasan, vuelven a intentarlo y, con suerte, acaban invirtiendo en los que vienen detrás. Startup OLÉ Marbella lleva tres años sembrando esa costumbre.
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