array(1) { ["publicar"]=> string(2) "NO" }

¿Son malas todas las grasas?

Desde la industria resaltan algunos estudios que analizan las bondades de las grasas lácteas

  • |  Federación Nacional de Industrias Lácteas (FeNIL)
  • |  10-05-2021

Durante años hemos escuchado que las grasas de los alimentos son dañinas, especialmente las grasas saturadas. Desde la Federación Nacional de Industrias Lácteas (FeNIL) aseguran que es un error hablar de las grasas como un todo, puesto que existen muchos tipos de grasas y cada una tiene propiedades distintas.

"Afortunadamente, durante la última década, se han multiplicado las voces entre la comunidad científica alertando sobre esta generalización y defendiendo los beneficios para la salud de algunas de estas grasas, como el omega-3 o las grasas lácteas", recuerdan.

En los 90 el Dr. Walter Willet dio el primer paso. Descubrió, a través de un estudio, que las grasas saturadas presentes en el pescado, aceite, lácteos y por tanto en la dieta mediterránea benefician a la salud del corazón.

Sin embargo, fue la portada de la revista TIME de 2014 con el titular ‘Eat Butter’ (Toma mantequilla) la que supuso un antes y un después en la visión de las grasas, tras recopilar las conclusiones de varios metaestudios. La publicación destacó que las grasas suponían un aporte calórico imprescindible para nuestra dieta y que, con su demonización, habíamos reducido nuestro consumo de alimentos naturales como los huevos, la leche, la mantequilla o la ternera.

En su lugar, habíamos sustituido ese necesario aporte calórico por productos artificiales, grasas añadidas y, sobre todo, azúcares. Paradójicamente, el resultado es que consumimos más calorías que antes y de productos menos sanos. Por ejemplo, TIME destacó que desde 1970 los americanos redujeron su aporte calórico de la carne roja (-28%) o la leche (-78%) mientras aumentaron el de refrescos (+10%) o los aceites procesados y las grasas añadidas (+67%).

Como destacan desde FeNIL, las grasas lácteas se han visto afectadas colateralmente por esta demonización. Sin embargo, los estudios elaborados por el Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), Los nutrientes de la leche en la salud cardiovascular y Grasa láctea: una fuente natural de compuestos bioactivos, hicieron una disección sobre el total de ácidos grasos en los lácteos y obtuvieron conclusiones muy positivas para la salud.

Según estos estudios, entre un 60-70% corresponde a ácidos grasos saturados, cuyo efecto contribuye en la reducción del colesterol debido a sus altas concentraciones de ácido oleico; un 20-25% a ácidos monoinsaturados y un 3-5% a ácidos poliinsaturados, beneficiosos para la salud cardiovascular. Estos componentes han hecho que las grasas lácteas destaquen además por sus propiedades anticancerígenas, por ser fuente de energía y evitar la acumulación de grasa en el tejido adiposo.

"Los lácteos son un ejemplo de cómo hay que mirar siempre la matriz nutricional completa de un alimento, ya que, más allá de las grasas, también nos aportan hasta un 60% del calcio a nuestra dieta, y son fuente de proteínas, vitaminas y minerales esenciales", aseguran desde la patronal láctea.

En la misma línea, sucede con la grasa láctea del queso. Un estudio realizado por el Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación señala que el consumo de quesos y su relación con la salud son indiscutiblemente positivos, ya que existe una creciente evidencia que respalda a la membrana del glóbulo graso lácteo (MFGM, siglas en inglés) que actúa como actor importante en el neurodesarrollo y potenciador del sistema inmune y cardiovascular, así como atenuador del deterioro cognitivo durante el envejecimiento. Además, posee actividades antivirales y antibacterianas.

Como lo denomina el periodista científico y escritor alimentario Michael Pollan, la clave está en consumir “comida real”. Esta línea de pensamiento mantiene que una dieta equilibrada no consiste en apartar de forma generalizada a las grasas de nuestra alimentación, ni en seguir una alimentación baja en grasa y rica en carbohidratos refinados, sino en una alimentación sana, libre de excesos.

"Sin duda, el camino pasa por seguir investigando, pero también informando a la población española sobre los beneficios ya demostrados de ciertas grasas concretas, como el omega-3 o las grasas lácteas, muy presentes en alimentos tradicionales de nuestra dieta mediterránea", concluyen desde FeNIL.



Puedes seguirnos